viernes, 15 de noviembre de 2013

Dios me Perdone

Dios me Perdone


No debí volver a Lima…
Regresé a Lima para el matrimonio de mi mejor amigo, JULIO.
¿Quién lo pensaría? Aquel muchacho arrebatado con quien estudie secundaria, tantas peleas contra otros y entre nosotros.
En la foto de la tarjeta de invitación  estaba con su novia, MILAGROS. El como en todas las fotos con cara de loco.
-          ¡Alo!
-          ¿Quién habla?
-          ¿Julio? soy MARIO CARDENAS. Tu maestro volvió a Lima. – bromee.
-          Habla loco, creí que te perderías mi matrimonio. ¿Sigues en el aeropuerto? Estoy cerca almorzando con Milagros, espérame.
-          No quiero interrumpir tu almuerzo, voy a ver el hotel, y recordar Lima.
-          ¿Hotel? Vamos Mario puedes quedarte en mi depa.
-          Prefiero disfrutar la soledad estos días antes de tu matri’.
-          Me hubiese gustado presentarte a Milagros, le hable de ti. – dame quiero saludarlo – interrumpió ella –Hola soy Milagros, se lo que es  estar solo en Lima yo tampoco  tengo familiares aquí, ¿Quédate con nosotros?  Así podría conocer al casi-hermano de mi amado.
-          Hola mucho gusto, gracias pero no te preocupes yo disfruto mi soledad. Ustedes disfruten sus últimos días de soltería. Los llamo mañana tal vez para almorzar.
-          Desde mañana no podré, lo siento. Estoy preparando una sorpresa.
-          No te preocupes ya nos conoceremos en el matrimonio. Mucho gusto tengo que colgar llego mi taxi

Me despedí de los novios y colgué el teléfono.
Al día siguiente después de un largo paseo por Miraflores y la costa verde decidí volver al Hotel mi personalidad poco sociable me hizo discutir con muchas personas solo quería cenar e irme a dormir. Me dirigí al restaurante del hotel tome una mesa, la más alejada de todos y me senté en un rincón a observar a todos en su rutina extranjeros y peruanos. Fue entonces cuando una pareja muy extraña entro al restaurante, una chica muy preciosa acompañada de un sujeto que por su vestimenta parecía querer pasar desapercibido. Ambos muy cariñosos abrazados el acariciaba su mejilla y ella besaba su mano, y reposaba su cabeza en el cariño que él le proporcionaba.
Las dudas me invadieron, saque mi invitación del matrimonio observe la foto de la novia y no lo podía creer. Al terminar se retiraron, Milagros y su acompañante ya estaban muy bien retratados en mi celular. Decidí seguirlos hacia donde iban, lo suficiente para comprobar que ambos pidieron solo una habitación, lo cual también fue captado por mi celular. Era ella, hasta pude reconocer su voz a pesar de solo haberla escuchado una vez.
Llame a mi hermano Julio y lo cite al día siguiente en un restaurante cerca a la plaza de armas.
-          Pero no es posible – decía con lágrimas en los ojos – ¡¿Que mierda es esto?!
-          Lo siento Julio no podía callar esto sabes que te considero bastante como pare dejar que arruines tu vida con una zorra que no lo merece.
-          No la llames así – grito y se abalanzo contra mí, me golpeo y salió corriendo del lugar.
Sus reacciones no me sorprendían, lo conocía muy bien y esta vez lo perdonaba. Camine por el Jirón de la Unión planificando mi retorno, pero un gran sentimiento de culpa me abordaba, creo que el destino me puso aquí, estaba frente a una iglesia, decidí entrar al menos para sentirme más tranquilo.
A pesar de que la misa estaba ya por terminar me senté muy adelante creyendo que mientras más cerca al cura menos culpable me sentiría. Sumergido en mis pensamientos no escuchaba lo que decían y paseaba mi mirada entre el sacerdote y la presentación de cristo detrás de él hasta que mi mirada se posó en uno de los que sentado al costado del cura cómodamente, observaba atento como esperando su turno.
Fue cuando mis ojos se agudizaron y mis oídos se destaparon
“…muchas gracias por todo este tiempo, a partir de ahora quien oficiara las ceremonias a nuestro señor será este joven” – lo señalo mientras se puso de pie – “…el hermano Pedro. Ha sido designado a Lima y tendrá el placer de oficiar el matrimonio de su hermana  este fin de semana. Es una linda historia la del padre Pedro, se alejó de su familia a los 15 años y perdió todo contacto, y ahora reencontrarse con su hermana de quien no sabía nada, un muy claro ejemplo de perdón y reconciliación. Recibámoslo con un fuerte aplauso.”
El sentimiento de culpa se volvió más pesado. Mientras corría en busca de un taxi llamaba a Julio sin lograr respuesta. Al llegar al edificio en el que vivía Julio, la escena taladraba más mi responsabilidad. Un cordón policial rodeaba el edificio y curiosos vecinos cuchicheaban entre sí.
-          ¿Qué paso aquí señora? – pregunte a una de las que supongo era vecina.
-          ¡Ay! Señor, el chico la mato, le ha disparado – me contaba mientras se persignaba – ella dormía y él llegó y le disparo y luego también se suicidó. Creo que ella lo engañaba y él se enteró, eran una  pareja feliz. Quien iba a pensarlo.

Me encuentro en mi avión de regreso a Estados Unidos. No debí volver a Lima.

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