domingo, 17 de agosto de 2014

Quemadas las cenizas

El invierno acababa pero no para ellos.
Un témpano de hielo había reemplazado su corazón, el de él.
Y la confianza de ella en una tormenta de nieve se volvió.
Su relación había hechado fuertes y poderosas raíces como en la primavera que se conocieron.
Durante el verano su relación se volvió un tronco robusto y macizo creció muy alto y llegó al cielo.
Y un corazón con sus nombres se tallo sobre éste.
Llegado el otoño las razones que los unían empezaron a caer cuál hojas secas una por una.
Una hoja seca cayó como las llamadas sorpresas de ella.
Otra se fue con los detalles de él.
Otra con los ya inexistentes besos de buenos días.
Otro con sus sonrisas...
Y llegado hoy su invierno empezó.
Entre ellos sólo habían ramas deshojadas... Pero todo había acabado ya. Para lo único que servía su tronco era para leña, hacer una fogata y abrigarse entre ellos y tratar de contraarrestar la frialdad cuando estaban solos.
Y así acabando con lo que quedaba, arrancadas sus raíces y apagada la última pequeña hoguera de sus pedazos de troncos se escribió el refrán inspirado en ellos y en lo que quién sabe suceda...
Donde hubo fuego...

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