lunes, 6 de julio de 2015

Hasta luego.

Pocas cosas hay tan difíciles como despedirse, cuando uno no quiere irse; es un momento extraño, como si te estuvieran prensando el estómago y como si las piernas se te hicieran gelatina.

La noche se acababa, él debía irse aunque no quería, ella tampoco. Ambos sabían que ya debían despedirse lo que no sabían era por dónde empezar; ninguno sabia como empezar.

No se miraban a los ojos, él miraba a la bebé que jugaba con las plantas, era una ternura la pequeña y durante esta noche sirvió de pretexto para hablar de muchas otras cosas.

Ella no entendía nada:

Para ella su cabello era un desastre, todos sus cabellos reflejaban el interior de su cabeza, cada pensamiento, problema, solución o recuerdo se veía así de enredado. Si alguien pudiera adentrarse en sus pensamientos quedaría atrapado como en una tela de araña, en una red desordenada de muchas de ellas. Así como él que ya se encontraba atrapado en sus pensamientos.

Sus ojos negros los percibía muy comunes, y estaba segura que la bendición de ser madre le había costado perder sus encantos; y si tuviera que seguir describiéndose diría que su carácter es como un volcán, uno en constante erupción, una bomba atómica. Siempre estaba a la defensiva se consideraba fosforito que se prendía fácilmente.

Aun así él le había dicho que era perfecta, preciosa, y ella hace mucho no se sentía así.

Sacó su celular. Ya era hora:

- Debo irme - susurro deseando no haberlo dicho.

- Lo sé - dijo él deseando no haber escuchado. Cuídala mucho, es un angelito.

- Siempre lo hago, ve tranquilo.

Se acercó, y la abrazó torpemente y de la manera más incómoda; de seguro era el abrazo más torpe del mundo. Quiso besarla otra vez pero no se atrevió.

Ella cargó a la bebé le dio solamente un beso en la mejilla, a él, y se fue con un nudo en la garganta.

Él metió las manos a los bolsillos como guardando las ganas de haberla besado. Caminó en la dirección opuesta girando la cabeza constantemente, esperando que ella también voltease.

Ella no volteó, debía volver a casa antes que noten su ausencia; sí, especialmente su esposo.

No la vio voltear. « ¿Cómo hará aquel, si siempre que ella se va yo me quedo con su amor?» Se preguntaba.

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